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En una hermosa
aldea de la zona Ixil había una bella joven que se acababa de casar. Vivía
lamentándose por lo duro de los trabajos de la casa, a pesar de que su
esposo y sus suegros la querían muchísimo. Como ella había sido hija única,
su mamá nunca la había puesto a hacer bastante oficio. Por eso se mantenía
triste cansada y renegando de su destino y eso mismo hacia que se atrasara
en su oficio, mientras pensaba:
"Dichoso el perro, sólo se mantiene durmiendo. Nunca trabaja. Nunca hace
su comida ni se baña. Siempre, espera que se le dé la comida. Siempre
espera que lo bañen..."
A todo esto, ya el tiempo le había ganado y cuando llegaban su esposo
y sus suegros del campo, nunca tenia la comida a tiempo.
Un día estaba lamentándose en voz alta, cuando para sorpresa de ella el
perro le habló y le dijo:
-Si quieres nos cambiamos, tu serás el perro y yo seré la mujer.
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La joven
aceptó encantada. El perro dió siete vueltas alrededor de ella y luego
ella dio siete vueltas alrededor de él y así fue el cambio.
El perro se echó en el corredor de la casa se dispuso a dormir tranquilamente,
mientras la joven (o sea el perro convertido en mujer) se puso a hacer
un sabroso almuerzo para la familia.
Terminó rápidamente de hacer la comida y se fue a acarrear agua. Terminó
de acarrear agua y se puso a barrer, luego se puso a arreglar la ropa
doblándola ordenadamente en el cofre, tendió bien la cama de los suegros
y todavía le quedó tiempo para cortar unas olorosas ramas de ruda y unos
geranios y los puso de adorno en un jarrito sobre la mesa donde comia
la familia.
Cuando estos llegaron no habían trastos sucios, la comida estaba a tiempo
y bien hecha y la casa relucía de limpia. Ni una solo basurita se veia
en el patio. Hasta los animales estaban tranquilos, pues la joven les
había dado su comida a tiempo.
La suegra admirada de lo bien que se veía su casa se puso muy contenta
y le dijo:
-Qué bueno, mija, ye se te quitó tu enfermedad. Hoy sí, hiciste
bien tu oficio.
La "joven" la oyó y sólo le contestó "siq, siq, siq…" con la cabeza de
lado como la ponen los perros. Los suegros y el joven esposo la miraron
extrañados, preguntándole si se sentío bien. La joven sólo les decia "siq,
siq, siq…"
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Los suegros
ya no sabían que hacer. La muchacha los miraba con la cabeza inclinada
y los ojos húmedos.
Aunque tenía mucha hambre, no podía comer...
Se sentaron a comer y la llamaron. La muchacha se acercó a tratar de comer.
Había hecho muy sabrosa la comida pero no pudo probar bocado. "Siq, siq,
siq...", se le oyó decir de nuevo, como lamentándose y siempre con la
cabeza ladeada como la ponen los perros.
Los suegros ya no sabían que hacer. La muchacha sólo los miraba con la
cabeza inclinada y los ojos húmedos. Aunque tenia mucha hambre no podía
comer, porque no estaba acostumbrada a alimentarse como lo hacemos los
humanos, no sobía cómo sostener la escudilla, ni podía llevarse a la boca
los trozos de comida. "Siq, Siq, siq…", decía.
"¿Estará enferma? ¿Tendrá algún dolor? 0 quizás nos está engañando..."
Los suegros no podían explicarse tan extraño comportamiento. "Tal vez
sólo está muy cansada", dijeron, optando por la respuesta más sencilla.
"Dejémosla en paz. no la forcemos".
Llegó el esposo y la saludó con mucho cariño, pero ella no le respondió.
Sólo se le quedó viendo con los ojos húmedos y la cabeza inclinada. "Siq,
siq, siq , le dijo.
-¿Que te pasa, mujer?- exclamó el joven ya enojado.
Pero nada consiguió, todas sus preguntas y sus cuidados fueron en vano.
Su linda y querida esposa no le contestaba, no lo explicaba qué le estaba
sucediéndo. Sólo decia "Siq, siq, siq, y le miraba con ojos húmedos e
inclinando de lado la cabeza.
Y así hasta que cayó la tarde. La muchacha noda dijo, nada explicó.
Eso sí, fue muy hocendosa y terminó rápido todos sus oficios. Los suegros,
que la observaban, se alegraron de que por fin ya se ponia a trabajar
bastante.
El joven esposo quiso obrazorla.
Cuando anocheció y todos estaban ya acostados, se dieron las buenas noches,
excepto la muchacha, que hizo sino decir: "siq, siq, siq..."
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Llegó
el esposo y la saludó con mucho cariño, pero ella no le respondió. Sólo
se le quedó viendo con los ojos húmedos y la cabeza inclinada. "Siq, siq,
siq , le dijo.
-¿Que te pasa, mujer?- exclamó el joven ya enojado.
Pero nada consiguió, todas sus preguntas y sus cuidados fueron en vano.
Su linda y querida esposa no Fe contestaba, no to explicaba qué le estaba
sucediéndo. Sólo decia "Siq, siq, siq, y le miraba con ojos húmedos e
inclinando de lado la cabeza.
Y asÍ hasta que cayó la tarde. La muchacha noda dijo, nada explicó. Eso
sí, fue muy hocendosa y terminó rápido todos sus oficios. Los suegros,
que la observaban, se alegraron de que por fin ya se ponia a trabajar
bastante.
El joven esposo quiso obrazorla.
Cuando anocheció y todos estaban ya acostados, se dieron las buenas noches,
excepto la muchacha, que hizo sino decir: "siq, siq, siq..."
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-Vamos
a dormir - le mandó el marido, mirandola con recelo.
La muchacha abrió mucho los ojos, verdaderamente sorprendida de lo que
veía, todos se acostaron en sus camas y se taparon con chamerras. "¡Qué
extrañas costumbres las de los humanos!", se dijo un tanto asustada. Lo
peor era que ella también tenía que hacer lo mismo:
Acostarse junto a su marido y taparse con un montón de chamarras. ¡Hacía
tanto calor! Comenzó a sentirse enferma, sofocada y a añorar oquellas
noches cuando dormía en el suelo, respirando libre, con el cielo como
único techo, mientras el viento fresco le acariciaba las orejas.
Lentamente subió a la cama, se acostó y se cubrió con las chamarras. iQue
noche tan fea la que pasó! No encontró acomodo en aquella cama y a calor
de tanta ropa, las horas le parecieron largos dias.
Al día siguiente, se levantó en cuanto amaneció y, empezó a hacer sus
oficios con gran dedicación.
Cuando se levantaron sus suegros, se saludaron entre si y después la saludaron
a ella. Pero solo le oyeron responder: "Siq, siq, siq..."
Y cuando se levantó el marido la escena se repitió. Sintiendo mucha lástima
por su mujer, el joven esposo quiso abrazarla, pero ella se asustó y escapó
corriendo.
Y no fue porque estuviera enojada sino porque no sabia cómo nos comportomos
las personas.
La muchacha se sentia desesperada. De día todavia podia pasar, pues los
oficios de la casa se le hacian fáciles, pero de noche... ¡quemándose
bajo aquellas chamarras! Se sentía mal, enferma. ¡Los humanos tenian costumbres
raras! Además, estaba muy hambrienta, pues aunque le ofrecian gran variedad
de comida, no sabía cómo comerla. ¡Cómo se había metido en ese problema!
Lo peor es que nada podía hacer, pues habia llegado a un acuerdo con aquella
joven perezosa quien seguramente estaria disfrutando de la vida
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Lo que
no podia sospechar la infortunada, era que su compñero de aventura lo
estaba pasando tan mal como ella. En efecto, aquella muchacha que tan
alegremente habia cambiado su vida por lo del perro, estaba sufriendo
innumerables penas. Por la noche tenia que dormir en el suelo -¡tan duro!-,
sin nada con qué protegerse del tremendo frio que entraba en la madrugada.
Como su compañera, el pobre perro se sentia solo y abandonado. Además,
también estaba muy hambriento: su único alimento habiá sido un par de
tortillas frias y duras que le habian tirado en el suelo. "Cuando era
mujer", pensaba tristemente, "comía tamalitos, boxboles y bebia atol y
ahora ¡sólo esto!
A la mañana siguiente los dos se encontraron por casualidad.
-¿Qué tal?, ¿cdmo amaneciste?- preguntó el perro a la mujer.
-Muy mal-dijo ella tristemente. No te imaginas cómo he sufrido; ustedes
los humanos tienen costumbres muy raras. No he podido dormir con toda
esa ropa encima. Tampoco he podido comer porque no sé usar todos esos
trastos que ustedes usan. Me hablan, y no puedo contestar -anadió-, ¿Y
todos esos arrumacos que me asustan! exclamó frunciendo el ceño.
-Pero si todo es tan sencillo...- intervino el perro.
-Lo será cuando se tiene costumbre- dijo la muchacha, -pero yo de todo
eso no sé- explicó.
-Pues yo también estoy sufriendo mucho con esta vida-, le confió tristemente
o perro. Por la noche paso mucho fria y además el suelo es muy duro para
dormir.
-Estoy hambriento, pues la comida que me dan es muy escasa- añadió desconsolado.
¡Cómo va a ser eso! -dijo extrañada la muchacha y se quedó pensativa.
¿Sabes que es lo peor? -le confió el porro-. Por la noche vienen los espantos
a asustarme. Yo he tratado de hacerme el fuerte y de ladrar para ahuyentarlos,
así como hacen ustedes los perros, pero como no tengo costumbre de ladrar
solo me sale "Hum, hum, hum..."
-¿Qud podemos hacer? dijo la muchacha. -Yo ya no aguanto más esta vida-.
-Pues yo tampoco la aguanto- aseguró el perro. -Si seguimos así vamos
a morir los dos- añadió.
-¿Podriamos transformarnos de nuevo?- sugirió ella tímidamente.
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La idea
le pareció excelente al perro. En realidad, eso era lo que el quería oir.
Una vez de ocuerdo, los dos se tomaron de las manos y empezaron a dar
vueltas hasta completar las siete vueltas para deshacer el hechizo. Al
finalizar la última vuelta, habian retornado a su estado normal: la muchacha
era otra vez muchacha y el perro volvía a ser perro.
-¡Qué bueno es volver a ser mujer!- exclamó la muchacha. -¿Cómo pude ser
tan tonta?- se decia arrepentida. -Casi me muero de hambre y de frio y
todo por renegar de los oficios que me había encargodo mi familia-.
Por su parte, el perro, cómodamente echado en su lugar de siempre, se
decia: -¡Que bueno volver a mi vida de perro! Eso de ser mujer es muy
complicado. Por poco y me muero de hambre!-.
Al finalizar la última vuelta, habia retornado a su estado normal. La
muchacha era otra vez muchacha y el perro volvía a ser perro.
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Cuando
llegaron los suegros de la muchacha la encontraron trabajanda alegremente
en sus oficios.
-Buenos dias, papá. Buenos dias, mamá- los saludó cariñosa.
Poco después llegó el esposa del trabajo y se encontró con la novedad
de que su mujer ya hablaba de nuevo. Aunque a principio sintió temor,
su alegria fue tanta que la abrazó y la besó con cariño.
Con mucha bondad le pidió que le contara que le había estada pasando.
La muchacha le contó toda la aventura que habia vivido con el perro.
Cuando
el mucho oyó la sombrosa historia, fue a contarlo a sus padres.
Todo esto que ha sucedido es muy extaño - dijeron ellos. -Vamos a pedir
a un balbastish que rece por nosotros pues lo que acaba de sucederle a
tu esposa es muy duro dijeron -pero gracias a Cios ya pasó-.
Se pusieron de acuerdo y fueron a visitar a un balbastish y todos juntos
rezaron para que el joven en su matrimonio viviera feliz.
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